|
NOVEDADES SOBRE LA SALUD |
|
Resultados preliminares prometedores de una vacuna terapéutica contra el cáncer de páncreas
Investigadores en el Centro Cancerológico Kimmel de Johns Hopkins están entusiasmados por los resultados iniciales de una vacuna terapéutica contra el cáncer de páncreas, una enfermedad con escasas opciones y bajas probabilidades de
supervivencia prolongada. Después de estudiar a 60 pacientes por casi dos años, los científicos reportan que 88 por ciento del grupo sobrevivió un año y 76 por ciento aún vive dos años después.
"Aunque estos resultados son preliminares, las tasas de supervivencia son más altas que la mayoría de los resultados publicados sobre el tratamiento de cáncer pancreático," indica Daniel Laheru, profesor asistente del Centro Kimmel. El Dr.
Laheru presentó sus hallazgos en un informe de prensa en la reunión conjunta de la Asociación Americana para Investigación del Cáncer, el Instituto Nacional de Cáncer y la Organización Europea para Investigación y Tratamiento del Cáncer,
celebrada en Filadelfia el 15 de noviembre.
Hasta hace poco, prácticamente todos los estudios han mostrado tasas de supervivencia de 63 por ciento un año después del diagnóstico, y de 42 por ciento a los dos años. El pronóstico a largo plazo es aún más desalentador: sólo 15 a 20 por
ciento de pacientes con tumores localizados siguen con vida al cabo de cinco años. Un estudio de 2003 elevó un poco la expectativa de supervivencia, pero a costa de un régimen de quimio y radioterapia que el Dr. Laheru describe como
difícil y con múltiples efectos secundarios. "Como no hay un estándar universal para tratar el cáncer pancreático, es difícil hacer comparaciones directas entre los estudios," señala el Dr. Laheru.
En el estudio actual, su equipo combinó una vacuna que refuerza el sistema inmune con cirugía y la quimioterapia y radiación postoperatorias convencionales. La vacuna, originalmente desarrollada en Hopkins,
emplea células de cáncer pancreático irradiadas incapaces de multiplicarse pero alteradas genéticamente para secretar una molécula llamada GM-CSF. Ésta actúa como un señuelo que atrae a las células inmunes al sitio de vacuna del tumor
donde se encuentran con antígenos en la superficie de las células irradiadas. Luego, estas células inmunes mejor armadas patrullan el cuerpo del paciente para destruir las células de cáncer pancreático en circulación que tienen el mismo
perfil de antígenos.
Los pacientes reciben una vacuna inyectable ocho a diez semanas después de la cirugía, luego cuatro refuerzos después de la quimioterapia y radiación. El Dr. Laheru y su equipo terminaron de inscribir a pacientes en este estudio en enero
pasado. Se les dará un seguimiento promedio de 32 meses.
"Es importante no dejar de controlar a estos pacientes para saber cómo funciona el tratamiento a largo plazo," indica la Dra. Elizabeth Jaffee, Catedrática de Oncología y Patología. "Tenemos la esperanza de que estos resultados
preliminares se confirmen."
Los Dres. Jaffee y Laheru esperan iniciar investigaciones multi-institucionales dentro de un año. Al presente, trabajan con patólogos del Centro de Investigación en Cáncer Pancreático Sol Goldman de Hopkins analizando proteínas de células
enfermas que podrían ayudar a perfeccionar los objetivos de esta vacuna.
El cáncer de páncreas ataca a más de 30.000 estadounidenses cada año y aproximadamente el mismo número sucumben a la enfermedad.
Esta investigación fue financiada por el Instituto Nacional de Cáncer y en parte por Cell Genesys, Inc.
En Internet:
Johns Hopkins Kimmel Cancer Center
Johns Hopkins Sol Goldman Pancreatic Cancer Research Center
Identifican nuevo fármaco objetivo para combatir el mal de Parkinson
Investigadores del Instituto de Ingeniería Celular (ICE) de Johns Hopkins han descubierto una proteína que podría constituirse en el mejor nuevo objetivo para la lucha contra el mal de Parkinson, desde que la condición degenerativa del
cerebro se vinculara por primera vez con la pérdida de la dopamina, químico presente en el cerebro.
Durante el pasado año, el gen para esta proteína, llamado LRRK2 (que se pronuncia "lark-2"), surgió como quizás la causa genética más común de los casos de Parkinson tanto familiares como impredecibles. Hasta ahora, sin embargo, nadie
sabía con certeza qué es lo que la proteína LRRK2 hacía dentro de las células cerebrales o si era posible interferir con ella.
Hoy, después de estudiarla en el laboratorio, investigadores de Hopkins reportan que la gigantesca proteína LRRK2 forma parte de una clase de proteínas denominadas quinasas y, como otros miembros de la misma familia, ayuda a controlar las
actividades de otras proteínas transfiriendo a ellas grupos pequeños llamados fosfatos. Los científicos informan además que dos de las mutaciones conocidas ligadas al Parkinson en el gen LRRK2 incrementan la actividad de la proteína para
agregar fosfato. Los hallazgos aparecen en la edición actual (15 de noviembre) de Proceedings of the National Academy of Sciences
"Sabemos que las moléculas pequeñas pueden interferir con este tipo de actividad, así que LRRK2 es un objetivo obvio para desarrollar fármacos," dice el Dr. Ted Dawson, Ph.D., co-director del Programa de
Regeneración y Reparación Neural del ICE y líder del estudio. "Este descubrimiento va a tener gran impacto en el campo. Va a promover el interés de la gente en la actividad de las quinasas."
Visto que las quinasas afectan a varias otras proteínas, el vínculo entre LRRK2 y el mal de Parkinson podría ser resultado de su propia actividad, o bien de un cambio en las actividades de una o más proteínas en sentido descendiente
("downstream").
"El próximo paso es probar que la excesiva actividad de LRRK2 ocasiona la muerte de las células cerebrales productoras de dopamina (la patología que define el mal de Parkinson) y descubrir cómo lo hace," señala el Dr. Dawson, quien
advierte que el gran tamaño del gen y proteína LRRK2 podrían demorar por años la aplicación clínica del descubrimiento de Hopkins.
"Por ejemplo, quisiéramos aislar la parte activa de la proteína LRRK2 y usar la parte más controlable para detectar las moléculas que podrían bloquear su actividad. Pero lo que toma pensar un segundo podría tardar cuatro o cinco meses en
hacerse," señala el Dr. Dawson. "Cosas como ésta podrían no ocurrir tan rápido como lo quiere la práctica."
La proteína LRRK2, a veces llamada dardarina, consta de 2.527 componentes básicos. En contraste, la proteína alfa-sinucleina, la primera en ser vinculada con el mal de Parkinson, tiene solamente 140 componentes. La proteína parkin,
asociada a más casos familiares de Parkinson que ninguna otra hasta la fecha (aunque LRRK2 probablemente rompa ese récord) se considera "grande" con sus 465 componentes básicos.
Sin inmutarse por el tamaño del gen y proteína LRRK2, Andrew West, Ph.D., co-autor del artículo, que actualmente realiza cursos posdoctorales, tardó meses en extraer el gen completo de muestras de cerebro humano y desarrollar experimentos
confiables para probar cómo las mutaciones afectaban la actividad de LRRK2. El otro co-autor, Darren Moore, Ph.D., también estudiante posdoctoral, creó las herramientas para inducir a las bacterias a fabricar cúmulos de proteína LRRK2 y
dos versiones mutantes, y también logró localizar la proteína dentro de las células.
Los experimentos del grupo de investigadores mostraron que la proteína LRRK2, además de su papel como quinasa, en efecto, se acopla a las mitocondrias, productoras de energía de las células, donde probablemente interactúa con un complejo
de proteínas cuya falencia se ha vinculado también con la enfermedad de Parkinson.
Las mutaciones de LRRK2 se asociaron por primera vez con el Parkinson en 2004 y hasta el momento explican quizás un 5 a 6 por ciento de los casos familiares de la enfermedad (específicamente los llamados autosómicos dominantes, en los
cuales heredar una sola copia fallada del gen produce la enfermedad) y cerca de uno por ciento de casos sin historial familiar. Pero sólo pocas regiones genéticas de este gen se han analizado a profundidad.
"A medida que los investigadores examinen minuciosamente el resto del gen LRRK2, probablemente encontrarán más mutaciones y lo relacionarán a más variantes de la enfermedad," explica el Dr. Dawson.
Lo que hasta ahora se conoce de LRRK2 sugiere que podría conectar enfermedades que siempre se consideraron claramente distintas, particularmente el mal de Parkinson y las condiciones conocidas como "demencia con cuerpos de Lewy," así
llamada por los cúmulos de ciertas proteínas que se acumulan dentro de las células cerebrales en las personas afectadas. Como resultado, el estudio de LRRK2 podría mejorar la comprensión y eventualmente el tratamiento de otras enfermedades
aparte de la de Parkinson.
La investigación fue financiada por el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Embolia, Lee Martin Trust, Sylvia Nachlas Trust, la Fundación Nacional para Parkinson y la Asociación Americana de Enfermedad de Parkinson.
Los autores del artículo son Andrew West, Darren Moore, Saskia Biskup, Artem Bugayenko, Wanli Smith, Christopher Ross, Valina Dawson y Ted Dawson, todos de Johns Hopkins. Valina Dawson es co-directora del Programa de Regeneración y
Reparación Neural del Instituto de Ingeniería Celular de Johns Hopkins.
En Internet:
http://www.pnas.org/
Pediatras expertos de Johns Hopkins reportan que hay quienes se curan de las alergias a las nueces con la edad
Nueve por ciento de los niños alérgicos a las almendras, pacanas, anacardos (cashews) y otras nueces que crecen en árboles superan sus alergias con el tiempo, incluso quienes han tenido reacciones tan severas como un shock anafiláctico,
según exponen investigadores del Centro de Niños de Hopkins.
Su estudio, reportado en noviembre en la revista especializada Journal of Allergy and Clinical Immunology, descubrió también que los clínicos pueden usar los niveles de anticuerpos contra las nueces (TN-IgE) presentes en la sangre como una
guía precisa para calcular la probabilidad de que un niño ha superado la alergia.
"Lo que queda clarísimo es que los niños con estas alergias deben ser re-evaluados regularmente," concluyeron los investigadores.
"Las reacciones alérgicas a las nueces que crecen en árboles y al maní (que no es una nuez sino una legumbre) pueden ser bastante serias y generalmente se consideran de por vida," señala el autor principal Dr. Robert Wood, Director de la
División de Alergia e Inmunología del Centro de Niños. "Nuestra investigación demuestra que algunos niños, sin embargo, no necesitan evitar de por vida estas nueces, las cuales se encuentran en un sinnúmero de alimentos."
En los Estados Unidos, se calcula que uno a dos por ciento de la población es alérgica a las nueces de árboles (almendras, pacanas, nueces, anacardos, castañas, avellanas, piñones, pistachos y macadamias), al
maní o a ambos. Anteriormente, el Dr. Wood y colegas informaron que hasta 20 por ciento de niños superan la alergia al maní cuando crecen y recomendaron que los alergólogos re-evaluaran periódicamente a sus pacientes. El actual estudio
buscaba comprobar si lo mismo era válido respecto a las nueces.
El Dr. Wood y su grupo evaluaron a 278 pacientes, entre 3 y 21años de edad, con alergia conocida a las nueces. Nueve por ciento pasaron las pruebas de provocación, el estándar para comprobar si un niño ha superado las alergias
alimentarias. Cincuenta y ocho por ciento de niños con niveles de TN-IgE de 5 kilo-unidades por litro o menos también pasaron la prueba.
"Estos hallazgos dotan a los alergólogos de una guía confiable para decidir si deben aconsejar a sus pacientes que continúen evitando las nueces, o si es tiempo de hacer una prueba de provocación para ver si han superado la alergia,"
indica el Dr. Wood. Advirtió, además, que este tipo de prueba debe administrarse solamente bajo estrecha supervisión de un especialista en alergias.
La investigación también reveló que, entre los niños alérgicos tanto al maní como a las nueces, los que habían superado su alergia al maní tenían más probabilidades de superar también la otra alergia. No obstante, los niños que tienen
alergia a más de un tipo de nueces de árboles tienen pocas posibilidades de superarlas.
El estudio fue financiado en parte gracias al patrocinio del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas.
|
|
|
NUEVOS CONSEJOS PARA PREVENIR EL CÁNCER |
|
Dos estudios con brotes de brócoli revelan hallazgos sobre cáncer gástrico y de la piel
Investigadores en Japón y Baltimore han encontrado que ingerir diariamente una porción de brotes de brócoli puede mejorar la gastritis bacteriana crónica, un serio trastorno inflamatorio del revestimiento estomacal. Si se deja sin tratar,
la gastritis puede provocar úlceras y, en algunos casos, cáncer de estómago.
A diferencia de las cabezuelas verdes, en forma de árbol, que se ven comúnmente en platos de cenar, después de tres días los brotes de las semillas de brócoli contienen concentraciones altísimas de sulforafano, un compuesto de eficacia
comprobada para prevenir el cáncer. Ahora, los investigadores de Hopkins indican que existe evidencia de que el compuesto tiene propiedades antibióticas para tratar la bacteria causante de la gastritis.
Cuarenta participantes en estudios clínicos de Japón se asignaron aleatoriamente a consumir 100 gramos diarios (cantidad que cabe en el hueco de la mano) de brotes de brócoli o de otra verdura libre de sulforafano. Los investigadores
midieron los niveles de las proteínas sanguíneas que indican específicamente gastritis e inflamación, y midieron la colonización de Helicobacter pylori en el estómago de los participantes.
Este año, el premio Nóbel de Medicina se otorgó a los científicos que hace algunos años demostraron que las úlceras estomacales casi siempre se deben a una infección por H. pylori, y que la mayor parte de
ellas podía curarse con un tratamiento antibiótico.
"Los indicadores de infección bacteriana y gastritis redujeron significativamente en el grupo que consumió brotes de brócoli," señala el Dr. Jed Fahey, Sc.D., docente investigador de Johns Hopkins quien recientemente descubrió que el
sulforafano tenía una potente acción antibiótica contra la H. pylori en el laboratorio.
Cuando los participantes dejaron de ingerir su dosis diaria de brócoli al final del estudio, la gastritis y las tasas de infección volvieron a los niveles previos al tratamiento.
"La infección por H. pylori es particularmente predominante en condiciones de hacinamiento con instalaciones sanitarias deficientes, donde ocasiona altas tasas de cánceres estomacales y otros trastornos gástricos," señala el Dr. Fahey,
quien participó en el actual estudio con el Dr. Akinori Yanaka, Ph.D., en la Universidad de Tsukuba, Japón. "En muchas regiones en desarrollo donde los recursos para la salud son limitados un cambio eficaz en la dieta puede ser más
práctico que una medicina para reducir las tasas de ciertas enfermedades."
Los científicos realizarán estudios a mayor plazo para determinar si los brotes de brócoli pueden prevenir el cáncer de estómago en quienes corren riesgo de desarrollar la enfermedad.
En otro estudio del sulforafano en ratones, investigadores de Johns Hopkins señalan que la aplicación de extracto de brotes de brócoli sobre la piel puede prevenir los cánceres de la piel derivados de la exposición al sol.
Los científicos simularon el daño ocasionado por el sol en la piel de una persona exponiendo a los ratones a luz ultravioleta dos veces por semana durante 20 semanas. Luego, les aplicaron cada día (cinco veces por semana) gotas de un
extracto de brotes de brócoli sobre el lomo y esperaron que aparecieran tumores. Once semanas después, todos los ratones que no recibieron el extracto desarrollaron tumores, pero solo la mitad de los que lo recibieron los tenían.
"Creemos que el sulforafano, componente anti cáncer de los brotes de brócoli, aumenta los niveles de una variedad de enzimas del cuerpo que protegen contra esta enfermedad," señala Albena Dinkova-Kostova, Ph.D., investigadora asociada en
Johns Hopkins. "El sulforafano también disminuye la inflamación y elimina las moléculas de oxígeno dañinas y las células lesionadas."
Los científicos de Hopkins realizarán más pruebas en ratones a fin de determinar si los extractos de brócoli pueden prevenir el cáncer de la piel antes de que el sol cause lesiones. Esperan también poder estudiar el extracto en pacientes
de transplante, que corren gran riesgo de desarrollar cánceres de piel.
Derivado de una planta podría proteger contra el cáncer de hígado
Un nuevo estudio muestra que una versión sintética del extracto de una planta puede prevenir el cáncer de hígado inducido por la toxina del moho en ratas. El extracto, derivado del ácido oleanólico, es componente básico de muchas plantas,
incluyendo hierbas, y tiene efectos anti-inflamatorios comprobados.
Creada recientemente por químicos de Dartmouth College, la versión sintética de ácido oleanólico que se usó en el estudio se ha bautizado CDDO-Im. Los investigadores de Hopkins y Darmouth se aliaron para determinar si el compuesto podría
ayudar al cuerpo a deshacerse de los químicos que desencadenan el desarrollo del cáncer de hígado.
El equipo creó modelos en ratas de los tumores precancerosos de hígado causados por un carcinógeno llamado aflatoxina. El mismo es producido por mohos microscópicos contenidos en alimentos cotidianos, como el maíz y el maní. También se
sabe que ocasiona cáncer hepático en personas infectadas por hepatitis B.
"Sabemos que la aflatoxina no puede erradicarse de nuestro medioambiente, pero es posible intentar reducir sus efectos," señala Thomas Kensler, Ph.D., docente de ciencias sanitarias del medioambiente en la Facultad de Salud Pública
Bloomberg de Johns Hopkins.
En el estudio de Hopkins y Dartmouth, la cantidad total de tejido precanceroso en las ratas fue aproximadamente el uno por ciento del volumen del hígado bastante para provocar cáncer avanzado. Dosis muy bajas
de CDDO-Im redujeron esa fracción en 85 por ciento. Dosis más fuertes del compuesto prácticamente obliteraron todos los signos de tejido precanceroso.
La investigación del grupo sobre los patrones de expresión genética y ratones "knock-out" reveló además que CDDO-Im activa una proteína llamada Nrf2, la llave maestra que controla otros genes indispensables para la supervivencia celular.
"Esencialmente, CDDO-Im podría volver a las células más resistentes a la aflatoxina," indica el Dr. Kensler.
Según los investigadores, en comparación con otros compuestos usados en estudios clínicos para prevenir el cáncer de hígado, la dosis de CDDO-Im que se requeriría para tener un impacto sería mucho más pequeña. Todavía no se tienen
planeados estudios en humanos.
MANTÉNGASE SALUDABLE
Una dieta sana, rica en proteína y buena grasa y baja en carbohidratos, para tener corazones más saludables
Una dieta sana que reemplaza algunos carbohidratos por proteína o grasa monoinsaturada puede reducir considerablemente la presión arterial y el nivel de colesterol, disminuyendo así el riesgo global de enfermedad cardiaca, reportan
investigadores de estudios patrocinados por el gobierno en Hopkins y otras instituciones.
El equipo de Hopkins encontró que cambiar un 10 por ciento de las calorías de los carbohidratos ya sea por alimentos ricos en proteínas, mayormente vegetales, o por grasas monoinsaturadas, como las que contiene el aceite de oliva o de
canola, era enormemente beneficioso para el corazón.
"Nuestro estudio suministra suficiente evidencia de que sustituir algunos carbohidratos por proteína o grasa monoinsaturada tiene importantes beneficios para la salud," indica el internista Lawrence Appel, M.P.H., docente en la Facultad de
Medicina de Johns Hopkins y principal autor del estudio. "Todos estamos de acuerdo en que reducir las grasas saturadas reduce el riesgo de cardiopatías, pero ha habido controversia respecto a qué macronutriente enfatizar."
El Dr. Appel aclara que su estudio no apoya las dietas bajas en carbohidratos pero extremadamente altas en grasas saturadas, como la de Atkins, la cual según él no es una dieta saludable.
El estudio, llamado OmniHeart (Ensayo de Ingesta Óptima de Macronutrientes para Prevenir la Cardiopatía), evaluó tres dietas saludables que diferían principalmente en la cantidad de macronutrientes proteínas, grasas y carbohidratos que
suministran las calorías que el cuerpo usa como energía. Las tres dietas eran reducidas en grasas saturadas, colesterol y sodio, y ricas en frutas, verduras, fibra, potasio y otros minerales. Sin embargo, una de ellas era la dieta sana
tradicional, rica en carbohidratos, mientras que en las otras dos se reemplazó aproximadamente el 10 por ciento de las calorías de los carbohidratos ya sea por grasa monoinsaturada o por proteínas. En la dieta rica en proteínas, cerca de
la mitad provenían del reino vegetal.
"Las tres dietas disminuyeron el riesgo global de enfermedad cardiaca, bajando la presión y mejorando los niveles de colesterol," indica el Dr. Appel. "Pero las dietas con proteína o grasa monoinsaturada tenían ventaja sobre la dieta rica
en carbohidratos."
Los hallazgos del estudio de OmniHeart de Hopkins, presentados el 15 de noviembre en las Sesiones Científicas 2005 de la Asociación Americana del Corazón y publicados simultáneamente en la Revista de la Asociación Médica Americana (JAMA),
subrayan los considerables beneficios de hacer cambios en la dieta, exponen los investigadores.
En general, la dieta rica en proteínas, derivadas de fuentes vegetales y animales, redujo el riesgo de enfermedad cardiovascular en 21 por ciento. "Muchas personas equiparan la proteína con la carne, pero ésa no es la única fuente
proteica," señala la co-autora del estudio Phyllis McCarron, M.S., R.D., nutricionista de Hopkins. "Los frijoles, nueces, semillas y ciertos granos son fuentes excelentes de proteína del reino vegetal."
La dieta de grasa monoinsaturada, enriquecida con aceite de oliva y canola, además de varias nueces y semillas, disminuyó el riesgo en casi 20 por ciento.
El régimen rico en carbohidratos empleado en el estudio bajó el riesgo en aproximadamente 16 por ciento. Esta dieta es similar a la de DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension), a cuyo desarrollo contribuyó el Dr. Appel en 1997.
En el estudio actual, que duró cerca de tres años, los investigadores seleccionaron 164 adultos de buena salud, hombres y mujeres de 30 años o más. "Por el gran riesgo de embolia y ataque cardiaco que corren los afro americanos, los
resultados del estudio son especialmente pertinentes a este grupo, que constituyó casi 55 por ciento de los participantes estudiados," indica Jeanne Charleston, R.N., co-autora del estudio e investigadora en la Facultad de Salud Pública
Bloomberg de Hopkins. La Sra. Charleston agrega que todos los participantes tenían ya sea presión alta (casi 20 por ciento) o estaban al borde de tenerla.
Durante períodos de seis semanas, los participantes tomaron todas sus comidas (desayuno, almuerzo, cena y refrigerios) siguiendo una de las tres dietas. Después de hacer un receso de dos a cuatro semanas, comenzaron nuevamente otro período
igual de seis semanas, esta vez con una dieta diferente. El proceso se repitió hasta que los participantes hubieran seguido las tres dietas.
Los investigadores monitorearon la presión arterial, el colesterol y los triglicéridos de cada participante con cada dieta. Estas medidas se factorizaron luego en un modelo matemático estándar, llamado ecuación de riesgo de Framingham,
para calcular al riesgo de enfermedad cardiaca.
Según el Dr. Appel, los resultados de OmniHeart reconfirmaron los poderosos efectos de un enfoque dietético para mejorar el perfil de riesgo cardiovascular de una persona, la presión arterial y niveles de colesterol, y para reducir su
riesgo global de cardiopatía. El Grupo OmniHeart de Investigación en Colaboración, que condujo el estudio, planifica investigaciones adicionales sobre los efectos de los carbohidratos en la enfermedad cardiaca y sus factores de riesgo.
La financiación de este estudio, llevado a cabo en Hopkins y Brigham & Women's Hospital en Boston, fue provista por el Instituto Nacional de Corazón, Pulmón y Sangre, y por el Centro Nacional de Recursos para Investigación; ambos miembros
de los Institutos Nacionales de Salud.
Estudio de Hopkins podría cambiar las normas para tratar la insuficiencia cardiaca
Un estudio de Hopkins ha levantado dudas sobre la noción hasta ahora aceptada de qué es lo que sucede en muchos casos de insuficiencia cardiaca, sugiriendo que casi la mitad de los pacientes con este trastorno podrían estar recibiendo un
tratamiento equivocado.
Un equipo de científicos de Hopkins descubrió que las personas que padecen de insuficiencia cardiaca no sistólica marcada por un bombeo relativamente normal no tienen problema para volver a llenar la cavidad cardiaca después de que se ha
contraído y expulsado sangre. Durante el ejercicio, el latido no incrementa, lo cual limita la capacidad de estos pacientes para bombear sangre al resto del cuerpo.
Sus hallazgos sugieren que estos pacientes estarían mejor sin tomar bloqueadores beta, que desaceleran el corazón y empeoran la función vascular. En lugar de ello, podrían beneficiarse de terapias, como marcapasos para acelerar el latido o
fármacos que promuevan la dilatación de los vasos sanguíneos.
Los resultados podrían también explicar por qué algunas personas con insuficiencia cardiaca y capacidad de bombeo relativamente normal aun experimentan fatiga severa al realizar las más sencillas tareas
diarias.
Aunque las conclusiones son preliminares, "podrían cambiar dramáticamente el tratamiento inicial de los pacientes con este tipo de insuficiencia, porque la terapia actual se apoya en el uso de bloqueadores beta que desaceleran el latido y
reducen la fuerza de contracción," señala el cardiólogo Barry Borlaug, investigador principal del estudio.
El Dr. Borlaug, que se subespecializa en investigación cardiaca en la Facultad de Medicina y el Instituto del Corazón de la Universidad Johns Hopkins, presentó los resultados del estudio en las Sesiones Científicas de la Asociación
Americana del Corazón el 15 de noviembre en Dallas, Texas.
En el estudio, el grupo de Hopkins desafió la creencia común de que, si los pacientes con insuficiencia cardiaca tienen una capacidad normal para bombear y llevar la sangre al resto del cuerpo (función sistólica), entonces, por "descarte",
sus corazones tienen deteriorada la capacidad de relajar y volver a llenar la cavidad después de contraerse (función no sistólica o diastólica). Se calcula que más de 5 millones de estadounidenses tienen alguna forma de insuficiencia
cardiaca congestiva, marcada por síntomas como falta de respiración y fatiga. Más o menos 40 por ciento de ellos son diagnosticados con insuficiencia cardiaca no sistólica.
El equipo investigador de Hopkins descubrió que cuando todos los participantes estudiados hacían ejercicio gradualmente más intenso, sus corazones se llenaban de sangre en forma similar. No obstante, la función cardiaca no lograba
ajustarse rápidamente a la mayor actividad en los pacientes con síntomas de insuficiencia cardiaca. Al nivel pico del ejercicio, la fracción de eyección (o expulsión) también se vio comprometida en los pacientes cuya enfermedad
tradicionalmente se consideraba de naturaleza diastólica. Se cree que este estudio es uno de los primeros en examinar a pacientes con insuficiencia cardiaca no sistólica, comparándolos directamente con pacientes con características
similares, por ejemplo, presión alta y corazones hipertróficos (de gran tamaño), pero sin síntomas de insuficiencia en sí.
"Nuestros resultados desafían el saber convencional, mostrando que los pacientes con insuficiencia cardiaca congestiva, que al principio de su enfermedad tienen una fracción de eyección normal, pueden volver a llenar la cavidad cardiaca
adecuadamente; no obstante, también tienen capacidad insuficiente para transportar la sangre con la fuerza que permita realizar las actividades diarias más básicas, como vestirse por la mañana," explica el cardiólogo David Kass, docente de
Hopkins. "Hay en función un mecanismo biológico muy distinto de lo que creímos ser el caso."
En el estudio, se hicieron corresponder 19 mujeres y hombres mayores, casi todos afro americanos del área de Baltimore, con 17 adultos de edad y factores de riesgo similares para la insuficiencia cardiaca: obesidad, presión alta y
corazones agrandados (hipertróficos). Los 36 tenía una fracción de eyección ligeramente elevada, de aproximadamente 70 por ciento. La mayor parte tenían diabetes y muchos tomaban medicamentos para estas condiciones, que tuvieron que
suspender durante el estudio. Se sabe que la insuficiencia cardiaca no sistólica afecta desproporcionadamente a los ancianos, mujeres y gente de raza negra. Una característica clave del estudio fue que los 17 pacientes usados en la
comparación también padecían de problemas de salud crónicos, como presión alta, diabetes y corazones hipertróficos factores que también perjudican la función cardiaca.
Ambos grupos se sometieron a una prueba de esfuerzo estándar haciendo ejercicio en una bicicleta fija hasta llegar al agotamiento; lento al principio e incrementando la velocidad cada tres minutos. Se monitoreó la función cardiaca con
pruebas radiológicas, además de la presión, los gases respiratorios y muestras de fluidos orgánicos tomadas antes y después de la prueba.
Las diferencias entre el grupo con insuficiencia cardiaca y el grupo de control se observaron en forma temprana y a niveles relativamente bajos de esfuerzo, 25 vatios; o sea, aproximadamente la energía que se requiere para vestirse. En el
grupo de control, la frecuencia cardiaca se elevó un 40 por ciento, pero en el grupo con insuficiencia cardiaca sólo un 20 por ciento. El descenso de la resistencia vascular (fuerza dentro de los vasos sanguíneos que resiste el flujo de
sangre) fue de 28 por ciento en el grupo de control, pero apenas 19 por ciento en el otro. Los aumentos de la salida cardiaca (cantidad de sangre que circula en el cuerpo en un momento dado) fueron también mayores en el grupo de control,
62 por ciento, que en el grupo con insuficiencia cardiaca, 39 por ciento.
No obstante, los incrementos en el volumen de sangre al corazón, al llenar la cavidad, siguieron siendo los mismos en los dos grupos.
Si bien la expulsión aumentó en forma similar en ambos grupos en los niveles muy bajos de ejercicio, hubo diferencias al alcanzar el nivel pico de actividad. Todos los valores de la función cardiaca durante la contracción empeoraron a
mayor escala en el grupo con insuficiencia cardiaca al llegar al ejercicio máximo, excepto los relacionados con la función diastólica.
Las frecuencias cardiacas del grupo de control se elevaron tres veces más que en el otro grupo. La fracción de eyección, indicadora de la contractibilidad o fuerza muscular, aumentó 9 por ciento en los pacientes de control y 4 por ciento
en el grupo con insuficiencia cardiaca, a pesar de que al iniciarse la prueba habían sido similares.
Globalmente, la capacidad de esfuerzo del grupo de control era el 72 por ciento de lo esperado para su edad, mientras que la del grupo con insuficiencia cardiaca sólo era el 50 por ciento. Los valores de niveles hormonales y volumen de
sangre pulmonar, factor que provoca la falta de respiración como síntoma de la enfermedad, incrementaron a niveles similares en ambos grupos: 50 por ciento y 10 por ciento, respectivamente.
Si bien la causa exacta de estas diferencias en lo referente a la insuficiencia cardiaca sigue siendo desconocida, los investigadores consideran que disipar conceptos erróneos existentes es el primer paso de su trabajo. El Dr. Kass
observa, "Es esencial llegar a la raíz del problema porque, en un momento dado, más de la mitad de los pacientes con cualquiera de estas insuficiencias cardiacas ingresarán nuevamente al hospital."
La financiación del estudio fue provista por los Institutos Nacionales de Salud y Peter Belfer Laboratory Foundation. |
|
|
NOVEDADES INTERNAS |
|
Johns Hopkins celebra su primer siglo de ciencia neurológica
¿Qué es un nombre? En Johns Hopkins, el Departamento de Ciencias Neurológicas se fundó oficialmente hace 25 años, pero los aportes de la institución al entendimiento y estudio del cerebro ya habían comenzado tres cuartos de siglo antes, en
1906.
La larga historia de las ciencias cerebrales en Johns Hopkins y las múltiples contribuciones de sus investigadores se detallan en la edición del 20 de octubre de Neuron, por el primer y único director que ha tenido el departamento de
Hopkins. El Dr. Solomon Snyder tomó las riendas del nuevo departamento el 1º de julio de 1980.
"Habían grupos aislados de científicos y médicos estudiando el cerebro en varios departamentos de Hopkins mucho antes de 1980," recuerda el Dr. Snyder, quien vino a hacer su residencia en psiquiatría en Hopkins en 1965 y nunca se fue.
"Pero crear el departamento permitió a quienes estudiaban el cerebro de una forma por ejemplo, cómo actuaban las células cerebrales trabajar de cerca y compartir sus conocimientos con otros que usaban técnicas y perspectivas distintas.
Junto con los tres departamentos clínicos enfocados en el cerebro, Hopkins cuenta con un ambiente extraordinariamente sólido para estudiarlo."
El Dr. Snyder renunciará a su cargo de director del departamento este año para dedicarse por completo a la enseñanza y dirigir su laboratorio de investigaciones. El 10 de noviembre, el Departamento de
Neurología realizó un simposio con científicos y neurólogos de Hopkins en honor de su próximo XXXV aniversario.
Los primeros estudios del cerebro comenzaron formalmente en Johns Hopkins en 1906, cuando Harvey Cushing asumió el puesto de primer Director de Neurocirugía. Su investigación estableció que las hormonas secretadas por la glándula
pituitaria promueven el crecimiento. Walter Dandy, sucesor de Cushing, descubrió en 1918 que el aire posibilitaba tomar radiografías del cerebro. Su técnica continuó siendo la mejor para visualizar el interior de la cavidad craneana a fin
de identificar tumores y otros problemas cerebrales hasta la invención de la tomografía asistida por computadora (CAT, por sus siglas en inglés) en 1972.
En la época de Dandy, Adolph Meyer, el primer Director del Departamento de Psiquiatría estaba instituyendo un enfoque científico sin precedentes en el campo. Creó laboratorios de neuroanatomía, neurofisiología y una nueva disciplina que
llamó "psicobiología." Uno de los primeros miembros de ese departamento fue Curt Richter, quien desarrolló un medio preciso de medir ciertos aspectos de la vida de una rata y con ese sistema determinó las regulaciones moleculares y
anatómicas del "reloj biológico", los requerimientos diarios mínimos de vitaminas y minerales y la base científica para la prueba del detector de mentiras. W. Horsley Gantt, también integrante del departamento en ese tiempo, fue una figura
principal en la introducción de la psiquiatría de Pavlov en los Estados Unidos, la cual usó para establecer modelos de enfermedad mental en perros.
Casi al mismo tiempo, en 1933, Phillip Bard vino a Hopkins como cuarto Director del Departamento de Fisiología y con el propósito de hacer investigaciones para identificar la región del cerebro que ocasionaba "ira ficticia" en los gatos.
Su trabajo demostró que tal conducta podía deberse a la estimulación del hipotálamo posterior, un descubrimiento que ayudó a cimentar la noción de que las emociones se localizan en el hipotálamo y el sistema límbico del cerebro.
A fines de la década de 1930, Bard logró reclutar a Ralph Gerard de Chicago porque había desarrollado y usado técnicas para medir la actividad eléctrica cerebral. Mientras estuvo en Hopkins, el Dr. Gerard perfeccionó sus métodos y los
empleó para trazar mapas de áreas del cerebro encargadas de detectar la sensación del tacto.
Vernon Mountcastle, quien sucedió a Bard en 1964 como Director de Fisiología, hacia fines de los años 50 añadió a los primeros descubrimientos del Dr. Gerard al usar electrodos para trazar mapas minuciosos de la excitación cerebral, lo
cual reveló la organización "columnar" del cerebro, la misma que ahora es conocida como el principio universal de organización del cerebro.
Desde aquellos años, cuando el cuadro global del cerebro era aún un lienzo blanco, la investigación de las ciencias cerebrales en Hopkins se ha expandido para abordar interrogantes grandes y pequeñas. Por ejemplo, investigadores del
departamento de neurociencias del Instituto Zanvyl Krieger para la Mente y el Cerebro están estudiando áreas como reconocimiento, sensación y otras "grandes" capacidades, mientras que otros en la Facultad de Medicina se enfocan en medir
las señales eléctricas de neuronas individuales en el laboratorio para investigar cómo reaccionan a distintos estímulos.
Cuatro grandes áreas de investigación cerebral ocupan a los científicos de Hopkins: neurociencia celular y molecular; neurociencia sistémica, cognitiva y computacional; neurociencia del desarrollo; y neurobiología de la enfermedad.
Los investigadores de la primera área examinan qué roles desempeñan diferentes tipos de células del cerebro, cuáles genes y proteínas permiten que las distintas células cerebrales neuronas, astrocitos y neuroglías hagan lo que hacen y qué
moléculas están involucradas en la comunicación celular. El Dr. Snyder, por ejemplo, descubrió a principios de los años 70 a qué parte de las células cerebrales se acoplaban los opiáceos y, más recientemente, identificó el papel primordial
de dos gases, el óxido nítrico y el monóxido de carbono, como mensajeros que facilitan la comunicación entre las células cerebrales.
Algunos de los que estudian neurociencia sistémica, cognitiva y computacional están usando ingeniería e informática para crear modelos de ciertas capacidades cerebrales (como los procesos por los cuales extendemos un brazo para tocar un
objeto), mientras que a otros les interesa hallar respuestas a los cuestionamientos más básicos y fundamentales acerca del cerebro. Huganir y sus colegas, buscando comprender la gran interrogante de cómo ocurren el aprendizaje y el
recuerdo, han logrado crear un ratón olvidadizo.
Los científicos que trabajan en el área de la llamada neurociencia del desarrollo podrían estudiar las pistas proteicas y moleculares que controlan y dirigen el crecimiento de los nervios en el inicio del desarrollo de las especies, desde
ranas hasta ratones, o cuáles señales son las que le indican a una célula que debe volverse una célula nerviosa. David Ginty, Alex Kolodkin y otros están intentando detectar las señales que dirigen el crecimiento nervioso inicial, con la
esperanza de que este conocimiento pueda revelar formas para regenerar los nervios dañados.
Y, por supuesto, los investigadores de Hopkins que estudian los problemas biológicos subyacentes a las enfermedades del cerebro y el sistema nervioso están tratando de comprender las causas de las mismas, para con ese conocimiento
descubrir nuevos tratamientos o cómo prevenirlas. Estos científicos examinan vínculos genéticos de las enfermedades como el trastorno bipolar y el mal de Parkinson, o buscan objetivos que podrían ayudar a prevenir las lesiones secundarias
a una embolia, o intentan descubrir los complejos factores conducentes a la muerte celular en enfermedades como la de Alzheimer o las distrofias musculares. Hace poco, Akira Sawa, por ejemplo, reveló el importante papel que juega el gen
de cáncer p53 para la muerte de las células nerviosas en la enfermedad de Huntington.
Cuando se fundó, el departamento de ciencias neurológicas de Hopkins fue uno de los primeros del país; hoy es el más grande de los departamentos de ciencias básicas de la Facultad de Medicina, con 25 docentes principales. Otros 78 docentes
de Hopkins tienen nombramientos secundarios en neurociencia, incluyendo más de veinte con nombramientos principales en los Departamentos de Neurología, Neurocirugía y Psiquiatría. En el Departamento de Neurología hay 75 docentes
principales, en el de Neurocirugía, 24. El Departamento de Psiquiatría, fundado casi 100 años atrás, ostenta 139 docentes principales a tiempo completo.
En Internet:
Vea detalles sobre cada uno de los cuatro departamentos de ciencias cerebrales y algunos de sus investigadores en:
http://www.hopkinsmedicine.org
MÁS NOTICIAS
Característico patrón de cicatrización cardiaca predice el riesgo de arritmias fatales
Usando imágenes de resonancia magnética (RM) de la pared del corazón, investigadores de Johns Hopkins descubrieron que las personas cuyas paredes cardiacas contenían más de 25 por ciento de tejido de cicatrización tenían una probabilidad
casi nueve veces mayor de tener resultados positivos a una prueba de ritmo cardiaco rápido y peligroso conocido cono arritmia ventricular.
Los pacientes en riesgo de tales arritmias a menudo tienen implantado un desfibrilador cardiaco, pequeño aparato que con un choque eléctrico puede restaurar el ritmo cardiaco cuando el corazón late demasiado rápido para hacer llegar la
sangre al resto del cuerpo. Las estadísticas de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos calculan que cada año más de 400.000 estadounidenses sufren muerte cardiaca súbita, al menos 30 por ciento de ellas
atribuibles a la arritmia.
"Si pruebas adicionales confirman que las mediciones con RM del tejido cicatricial pueden predecir exactamente el riesgo de muerte súbita debida a la arritmia, éstas podrían convertirse en la regla de oro para seleccionar quiénes requieren
un desfibrilador," indica el Dr. Henry Halperin, principal autor del estudio y docente de Medicina, Radiología e Ingeniería Biomédica en la Facultad de Medicina y el Instituto del Corazón de la Universidad Johns Hopkins. "Si bien hay
pruebas ampliamente disponibles para evaluar a los pacientes con enfermedad coronaria respecto al riesgo de muerte cardiaca súbita, las mismas no son tan eficaces para identificar a los muchos que morirán abruptamente debido a las
arritmias."
En efecto, aunque el Centro Nacional de Estadísticas de Salud calcula que más de un millón de estadounidenses usan actualmente un desfibrilador, estudios nacionales publicados a principios de este año
muestran que sólo 5 por ciento de estos aparatos emiten una descarga para corregir el latido.
Se cree que los últimos hallazgos de Hopkins, publicados en la edición actual de la revista Circulation, son los primeros en examinar la arquitectura del corazón en lugar de su función de bombeo o señalización eléctrica y, hasta ahora,
éste es el único estudio que ha analizado dicha arquitectura intentando encontrar pistas sobre la arritmia en pacientes con mala función cardiaca pero que no sufren de enfermedad arterial.
De acuerdo a los investigadores, los desfibriladores se prescriben cuando las pruebas muestran anormalidades en la fracción de eyección cardiaca (capacidad del corazón de expulsar sangre y llevarla al resto del cuerpo) y/o en su
resistencia a los impulsos eléctricos que intentan estimular una arritmia.
"Nuestra técnica de RM tiene considerables ventajas sobre los métodos existentes dado que evita los riesgos de infección derivados de la cirugía, no es invasiva, no involucra catéteres y es relativamente sencilla porque sólo toma 45
minutos," indica el cardiólogo João Lima, co-autor del estudio y profesor asociado de Medicina y Radiología en Hopkins.
El Dr. Lima observa que un paciente con eyección cardiaca de 60 por ciento tiene capacidad normal de bombeo, pero que cualquier valor por debajo de 30 por ciento durante un período de nueve meses o más se considera bajo y un factor de
riesgo inmediato de arritmia. Agrega que en pacientes con fracciones de eyección ligeramente por encima del 30 por ciento, se usan pruebas electrofisiológicas para determinar si es necesario un desfibrilador. En esta prueba, se inserta un
catéter delgado dentro del corazón para tratar de inducir una arritmia, lo cual fracasará si el corazón es sano y no corre riesgos. No obstante, si la arritmia ocurre una vez, la probabilidad de que se repita es dos a cuatro veces más
grande.
Veintiséis pacientes del área de Baltimore participaron en el estudio, llevado a cabo de julio de 2003 a febrero de 2005. Los participantes fueron hombres y mujeres de una edad promedio de 53 años, que fueron referidos a Hopkins por
médicos de la comunidad para evaluación cardiaca. Ninguno tenía signos previos de enfermedad coronaria, otra de las principales causas de muerte cardiaca súbita, pero manifestaban otros síntomas de cardiopatía, como falta de respiración,
fatiga instantánea e incapacidad para subir escaleras.
Como parte de la RM base, el equipo utilizó una técnica desarrollada en Hopkins para trazar un mapa y calcular la cantidad precisa y la distribución del tejido cicatricial en la pared muscular cardiaca. La cantidad de este tejido se midió
como un porcentaje del grosor de la pared muscular, el cual en promedio mide como 1 cm. Dado que está formado por tejido denso y fibroso, con casi nada de irrigación sanguínea, el tejido cicatricial era claramente visible en la imagen,
explican los investigadores. Después de la RM, cada paciente fue sometido a una evaluación electrofisiológica con un catéter.
El análisis estadístico mostró que los cinco pacientes con prueba positiva tenían el patrón de cicatrización característico, mostrando en la RM entre 26 y 75 por ciento de tejido cicatricial. Si bien la RM no explicó por qué se forman las
cicatrices, dichos patrones se han observado anteriormente en autopsias de pacientes con enfermedad cardiaca. Los investigadores creen que una inflamación o lesión previa o el estrés excesivo en la pared cardiaca pueden contribuir a que se
formen la fibrosis y las cicatrices.
"Nuestro estudio es un ejemplo más de las posibles aplicaciones de la RM del corazón en la prevención y tratamiento de enfermedades cardiovasculares," indica el Dr. Saman Nazarian, autor principal del estudio, que se especializa en
electrofisiología cardiaca, clínica e investigación en Hopkins. "La RM del corazón ya sirve para evaluar la estructura y función cardiacas y el grado de cambios estructurales debidos a enfermedad coronaria. La RM puede además identificar
qué pacientes necesitan tratamiento agresivo y puede ayudar a planificar cirugías cardiacas o a identificar los mejores candidatos para un bypass."
El Dr. Nazarian señala que estos resultados también encierran la promesa de que la RM cardiaca pueda utilizarse para seleccionar a las personas que corren riesgo moderado de sufrir muerte cardiaca súbita debida a arritmias aquéllos que no
tienen enfermedad coronaria significativa y con fracciones de eyección entre 30 y 50 por ciento.
Otra implicación terapéutica, indica, es que detectar el patrón de cicatriz característico podría potencialmente mejorar los actuales procedimientos de ablación (cauterización) de las regiones del músculo cardiaco que desencadenan la
arritmia.
La financiación de este estudio fue proporcionada por la Fundación Donald W. Reynolds y los Institutos Nacionales de Salud. El Dr. Halperin es consultor del fabricante de desfibriladores Medtronic y el Dr. Ronald Berger, Ph.D., es
consultor de Guidant Corp., otro fabricante de aparatos. Ninguna de estas compañías contribuyó fondos para el estudio, y los términos de los convenios de los médicos son establecidos por la Universidad Johns Hopkins, conforme a lo que
dictan sus políticas de conflictos de interés |
|