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ESTUDIO DE HOPKINS REVELA QUE LOS GLÓBULOS BLANCOS PUEDEN DAÑAR O BENEFICIAR A LOS RIÑONES TRANSPLANTADOS |
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En un perfecto ejemplo de ironía biológica, la misma química de los glóbulos blancos que
sabemos daña los riñones usados en transplantes, también podría ayudar a prevenir dicho daño, según los resultados de un estudio en ratones realizado en Johns Hopkins.
Los investigadores han sabido desde hace mucho que al cortar y luego retornar el flujo sanguíneo a los riñones y otros órganos transplantados, las células inmunológicas llamadas linfocitos T producen químicos tóxicos naturales que
contribuyen a la lesión por isquemia-reperfusión (LIR). El organismo no puede diferenciar entre las lesiones quirúrgicas deliberadas, necesarias para extirpar y reimplantar el riñón de un donante, y otros tipos de lesiones orgánicas donde
ciertos químicos tóxicos son indispensables para limpiar o retirar tejido en mal estado.
En el nuevo estudio, el equipo de Hopkins reporta que las células T también juegan un papel en reducir el daño celular en los riñones con LIR, según el Dr. Hamid Rabb, director médico de trasplantación de riñón y páncreas en la Facultad de
Medicina de la Universidad Johns Hopkins.
La LIR ocurre en 30 a 40 por ciento de los riñones cadavéricos, trayendo como resultado tasas más bajas de supervivencia de riñón, vida renal más corta y un aumento de costos de aproximadamente US $20.000 por paciente, sólo en la
hospitalización y tratamiento iniciales, señala Rabb.
En el estudio de Hopkins, diseñado para intentar encontrar linfocitos y aprender más sobre la LIR, se tomaron glóbulos blancos de ratones inducidos experimentalmente con LIR. Estas células fueron inyectadas en modelos genéticos de ratones
sin la glándula del timo, que produce las células T. Un grupo de comparación de estos mismos ratones no recibió las inyecciones.
Luego de cortar temporalmente el flujo sanguíneo a los riñones de los ratones de ambos grupos por 30 minutos, los investigadores descubrieron que los riñones de los ratones inyectados habían mejorado en comparación con el otro grupo de
ratones.
"Hemos sabido durante años que las células T juegan un papel en la LIR, pero suponíamos que siempre era un papel negativo. Ahora sabemos que también actúan como protectoras," indica Rabb.
Las células T son parte de nuestro sistema inmune, y nuestro sistema inmune está diseñado para protegernos de las lesiones. Lo que sorprende aquí es que la experiencia práctica en el transcurso de los años nos ha enseñado que al activar el
sistema inmune se produce mayor daño celular, de acuerdo a Rabb.
Utilizando un nuevo método desarrollado por Dolores B. Ascon, Ph.D., estudiante de posdoctoral en el Departamento de Nefrología de Hopkins, Rabb y su equipo lograron identificar un número pequeño de linfocitos en tres grupos diferentes de
ratones: ratones normales, ratones sometidos falsamente a cirugía sin cortar el flujo sanguíneo a los riñones (isquemia) y ratones sometidos a cirugía con isquemia por 30 minutos.
El estudio mostró niveles elevados de células T en los riñones tres horas después de la LIR en comparación con los ratones normales. Además, mostró altos niveles de dos químicos, el factor de necrosis tumoral alfa (TNF alfa) e
interferón-gamma (IFN gamma), conocidos porque dañan las células renales. Dichos químicos son producidos por las células T.
Los ratones falsamente sometidos a cirugía también tenían un nivel elevado de células T, al compararlos con los normales, pero estas células no liberaron TNF alfa ni IFN gamma y tampoco ocasionaron daño renal.
"En este caso, parece como si la cirugía hubiese desencadenado el movimiento de células T hacia el área en cuestión, pero como no hubo isquemia, dichas células no produjeron TNF alfa ni IFN gamma," señala Rabb. "Esto sirve para ilustrar
cuán complejo es el papel de las células T en la LRI." |
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LA ANEMIA AFECTA AL CUERPO Y QUIZÁS TAMBIÉN A LA MENTE |
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Para las personas mayores, la pérdida de los glóbulos rojos portadores de oxígeno,
típica de la anemia, ha sido siempre vinculada con fatiga, debilidad muscular y otras afecciones físicas. Ahora, investigadores de Johns Hopkins han encontrado además una relación entre la anemia y el deterioro del pensamiento.
"Nuestro trabajo respalda la noción de que la anemia moderada puede ser un factor de riesgo independiente para el llamado deterioro de las funciones ejecutoras en las personas mayores," dice el Dr. Paulo Chaves, Ph.D., profesor asistente
en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins. "Si estudios más a fondo confirman que es verdad, esto significaría que corregir la anemia de estos pacientes podría ofrecer una posibilidad de prevenir tal deterioro cognitivo."
Los investigadores de Johns Hopkins se lanzaron a la búsqueda de tal efecto porque estudios previos habían demostrado que los deterioros por la edad de la llamada función ejecutora del cerebro es decir, resolución de problemas,
planificación, evaluación de peligros, seguimiento de actividades importantesllevaban al deterioro de la autosuficiencia.
"El deterioro de la función ejecutora, que a menudo precede a la pérdida de la memoria, puede ocurrir precozmente en el proceso de volverse incapaz de realizar las actividades de la vida cotidiana, como comprar, cocinar, tomar
medicamentos, pagar cuentas, caminar, etc.," indica Chaves.
Chaves y su equipo administraron tres pruebas psicológicas, usadas a menudo para evaluar la función ejecutora, a hombres y mujeres de 70 a 80 años. Aproximadamente el 10 por ciento tenían anemia, que era de intensidad moderada.
Alrededor de 15 por ciento de quienes obtuvieron los peores resultados en las tres pruebas estaban anémicos, comparados con sólo el 3 por ciento que obtuvo los mejores resultados. La probabilidad de tener el peor rendimiento en las pruebas
de función ejecutora era cuatro a cinco veces mayor para aquéllos con anemia que para aquéllos con hemoglobina normal, después de tomar en cuenta otros factores que afectan la cognición, como edad, educación y enfermedades existentes.
"Estos resultados preliminares no demuestran que la anemia causa el deterioro de la función ejecutora, ni indican que tratar la anemia conduciría necesariamente a mejorar la función ejecutora," dice Chaves. "Sin embargo, son lo
suficientemente contundentes como para servir de mapa para investigaciones posteriores."
Aún queda por determinar de qué forma la anemia afectaría el pensamiento. Podría ser que disminuya crónicamente el suministro de oxígeno al cerebro. Otra perspectiva propone que la fatiga que acompaña a la anemia conduce a la inactividad y
a perder los beneficios que el buen estado aeróbico trae a la corteza prefrontal. |
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SEGÚN UN ESTUDIO EN HOPKINS LA DEPRESIÓN CRÓNICA VIENE DE FAMILIA |
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Las probabilidades de que las personas también desarrollen depresión unipolar crónica
grave si sus parientes cercanos la desarrollaron de jóvenes son más de dos a una, según los resultados de un análisis multicéntrico de más de 600 personas y sus familias.
Los resultados del estudio muestran que los hermanos, padres o hijos de personas diagnosticadas con depresión mayor crónica antes de los 31 años tienen una probabilidad de 2,52 a 1 de tener también el trastorno. Es más, los parientes de
primer grado de los pacientes con un diagnóstico de depresión mayor crónica antes de los 13 años tienen una probabilidad de 6,17 a 1 de tenerla.
En su estudio, el Dr. James B. Potash y su equipo revisaron a 638 hombres y mujeres diagnosticados con depresión mayor de aparición temprana y a 2.176 familiares de primer grado. Los participantes vinieron del proyecto de Genética de la
Depresión Recurrente de Aparición Temprana (GenRED), un estudio multicéntrico de pacientes inscritos entre 1999 y 2003 por investigadores de Johns Hopkins y otros centros.
"Hemos sabido por mucho tiempo que la depresión mayor viene de familia, pero aún estamos tratando de determinar si ciertos subtipos de la enfermedad lo hacen de manera más fuerte que otros," dice Potash. "La gran envergadura de nuestro
estudio nos proporciona los números necesarios para examinar estas cuestiones en subgrupos."
Potash da crédito al autor principal, Dr. Francis Mondimore del Departamento de Psiquiatría de Johns Hopkins, por la observación de que muchos de los participantes del estudio reportaron haber estado deprimidos "desde que se acuerdan".
Esto llevó a Mondimore a enfocarse en la depresión crónica (o persistente) en el transcurso del tiempo. Se calcula que 30 por ciento de los que padecen de trastorno depresivo mayor tienen síntomas todo o casi todo el tiempo, con sólo
remisiones incompletas, a lo largo de muchos años, señala Potash.
Mondimore dice que una técnica similar, examinar un subtipo de enfermedad, se utilizó para identificar una relación familiar en el cáncer de mama en mujeres –hallazgo que allanó el camino para descubrir el vínculo entre el gen BRCA1 y esa
enfermedad.
GenRED II, un estudio más amplio actualmente en curso en Johns Hopkins y otros cinco centros, está reclutando a 2.700 personas para identificar los genes de la depresión mayor. También se recolectan datos sobre otros posibles factores
coadyuvantes, como el traumatismo en la infancia temprana. |
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CIENTÍFICOS DE HOPKINS RELACIONAN LA RESPUESTA INMUNE CON "PARÁSITOS FANTASMA" Y CONGESTIÓN SEVERA DE LOS SENOS
PARANASALES |
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Aunque no queda claro por qué sucede, los científicos de Johns Hopkins han vinculado un
gen que permite la descomposición química de la envoltura dura de protección alrededor de insectos y gusanos con la congestión severa y formación de pólipos características de la sinusitis crónica.
Expertos de Hopkins en el estudio de los senos paranasales han descubierto que el gen de la enzima llamada quitinasa acídica mamífera (AMCase) es 250 veces más activo en las personas con inflamación severa de los senos paranasales,
persistente aun después operadas, en comparación con pacientes en quienes la cirugía tuvo éxito. Este tipo de cirugía, por lo general, es el último recurso para quienes no responden al tratamiento con medicamentos.
El informe de Johns Hopkins se considera el primero en haber identificado la presencia de la enzima en la nariz y confirma su relación con la sinusitis.
"Este hallazgo no significa que realmente haya parásitos en la nariz que causen la sinusitis, pero nuestro estudio respalda la noción de que la sinusitis muy severa y persistente puede explicarse como un caso de respuesta inmune
desacertada, dirigida contra parásitos en realidad inexistentes," señala el autor principal del estudio, Dr. Andrew Lane, profesor asociado en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins y director de su Centro de Rinología y
Cirugía de Senos Paranasales.
La teoría, según Lane, es que las alergias y el asma se dan como resultado de los genes que controlan las defensas del organismo contra los parásitos, pero estos genes se encuentran en estado durmiente en las personas saludables. Sin
embargo, cuando son activados por los denominados "parásitos fantasma", la potente respuesta inflamatoria es médicamente muy difícil de controlar.
Los investigadores indican que aunque la quitina (un compuesto químico rígido común en los hongos, insectos y gusanos) no se encuentra naturalmente en el organismo, la presencia de su enzima correspondiente y su papel en la acumulación de
mucosidad y fluidos, y en la formación de pólipos hace que esta enzima sea un objetivo válido para bloquear su producción y acción mediante terapias de fármacos.
"Si podemos bloquear la respuesta inmune antiparasitaria en forma selectiva, potencialmente podríamos tener nuevos tratamientos para estas enfermedades respiratorias del pulmón y la nariz," indica Lane.
Se necesitan nuevos tratamientos, señala, como alternativa a los esteroides a largo plazo, que si bien bloquean la vía química inflamatoria también tienen efectos secundarios debilitantes, incluidas la pérdida de densidad ósea, las
cataratas en los ojos y el aumento de peso.
Se calcula que 32 millones de estadounidenses sufren de inflamación persistente del tejido que reviste la cavidad nasal y de los senos paranasales, de acuerdo a los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los EE.UU.
Todos los pacientes que participaron en el estudio fueron monitoreados por un mínimo de nueve meses para ver si se reproducían los pólipos y sus consecuentes síntomas. En diez participantes del grupo que había tenido cirugía los pólipos se
reprodujeron en un lapso de seis meses, en tanto que 12 de ellos permanecieron libres de síntomas.
Cuando los investigadores compararon inicialmente todas las muestras tisulares nasales, descubrieron que en la mitad de ellas el gen para la AMCase estaba activado (o expresado) para elaborar la proteína quitinasa. Al hacer el seguimiento,
encontraron que los 10 pacientes en quienes los pólipos se reprodujeron tenían niveles excesivamente más elevados de expresión de la AMCase que los otros pacientes con sinusitis y los controles.
Lane agrega que investigaciones futuras tendrán que determinar si la alta expresión genética de la AMCase es una causa subyacente de la inflamación o si la AMCase es simplemente uno de los muchos químicos producidos por las células nasales
en respuesta a la inflamación crónica.
La siguiente fase de su investigación, señala, es buscar qué es lo que desencadena la respuesta antiparasitaria. Sin embargo, Lane advierte que esta reacción contra los parásitos podría producirse a expensas de la capacidad de la nariz de
resguardar contra otros invasores, como bacterias, virus u hongos.
"Las células epiteliales que revisten la cavidad nasal y de los senos paranasales desempeñan un importante rol porque son la respuesta de primera línea del sistema inmune," señala. "Pero cuando están distraídas combatiendo parásitos
inexistentes, no pueden hacerse cargo de los microbios reales que ingresan continuamente dentro de la nariz."
Esto, observa Lane, podría fomentar el crecimiento de bacterias y hongos en la nariz, un hallazgo frecuente en quienes sufren de la sinusitis crónica con pólipos. |
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ESTRECHAN EL MARGEN DE INVESTIGACIÓN SOBRE UN RITMO CARDÍACO MORTAL PARA JÓVENES ATLETAS |
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Expertos de Johns Hopkins en la genética de un defecto del ritmo cardíaco potencialmente mortal, que ocurre en familias y aflige a jóvenes atletas, informan que han estrechado la búsqueda de las mutaciones genéticas específicas que
coadyuvan a este problema.
Sus nuevos hallazgos incrementarían la exactitud de las pruebas para identificar quiénes se encuentran en riesgo de sufrir displasia arritmogénica del ventrículo derecho (ARVD, por sus siglas en inglés), la cual está entre las principales
causas de muerte cardíaca súbita entre los jóvenes con óptimo estado físico.
En febrero, el mismo equipo de científicos relacionó un tercio de los casos de ARVD registrados en su enorme base de datos de pacientes con una docena de cambios anormales en un gen llamado placofilina 2 (PKP2), que elabora las proteínas
necesarias para la capacidad de adhesión de las células cardíacas.
En el nuevo estudio, el equipo de Hopkins identificó cuatro mutaciones de otro gen de proteína pegajosa llamado desmogleina 2 (DSG2), en cinco de los 32 pacientes estudiados.
"La expresión de este gen es elevada en el corazón, donde el tejido muscular se expande y contrae con los latidos," dice el autor principal del estudio, Dr. Daniel P. Judge, genetista cardiaco. "Nuestros resultados confirman que los genes
alterados son los responsables de la displasia (ARVD). Y ahora que conocemos las raíces genéticas de ella, también podemos diseñar mejores pruebas sanguíneas para que sus proteínas predigan quiénes están en riesgo de desarrollar la
condición."
La ARVD se caracteriza por la debilidad del desmosoma, la estructura de unión entre las células. Esta condición heredada provoca la acumulación excesiva de tejido graso y cicatricial en el ventrículo cardiaco derecho, lo cual ocasiona
latidos irregulares y gatilla una alteración fatal del ritmo cardíaco –a no ser que sea diagnosticada y tratada con fármacos o desfibriladores implantados.
"Hacia fin de año, esperamos contar con una prueba que señale las mutaciones de DSG2 para las personas que tienen historial familiar de la condición," indica Judge. Estos mismos científicos desarrollaron la prueba para detectar las
mutaciones de PKP2, que ha estado disponible desde mayo y actualmente es la única capaz de identificar a aquéllos con mayor riesgo de tener la enfermedad.
Todas las personas estudiadas formaban parte de una base de datos de pacientes creada en Hopkins en 1998. Los investigadores se concentraron en las proteínas de adherencia celular porque éstas ya habían sido relacionadas con el síndrome de
Naxos, que producía en el ventrículo derecho síntomas similares a los documentados respecto a la ARVD.
Según el equipo investigador, no todos quienes presentan mutaciones genéticas desarrollan ARVD. Un análisis más a fondo de las raíces genéticas de la condición ayudará a calcular el aumento exacto del riesgo a partir de cada mutación para
desarrollar síntomas o morir. |
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EL IMC BAJO O ELEVADO AUMENTA EL RIESGO DE MUERTE |
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Si bien los estudios han asociado tener un peso muy bajo o sobrepeso con la mala salud, el efecto de la obesidad sobre el riesgo de muerte ha sido recientemente un tema de controversia. Desde hace mucho, los investigadores han usado el
índice de masa corporal (IMC), el peso en kilos dividido por el cuadrado de la talla en metros, como una medida del peso apropiado de un individuo en relación a su talla.
En uno de los estudios más amplios realizados hasta la fecha (con más de 1,2 millones de participantes), los investigadores de Yonsei University, en Seúl, Corea del Sur, y de la Facultad de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins reportan
que tener un IMC bajo o elevado aumenta el riesgo de muerte. Los científicos encontraron que el efecto del IMC sobre el riesgo de morir de una persona variaba entre las causas principales de muerte y que el riesgo de morir por sobrepeso u
obesidad era más alto en las personas más jóvenes.
"La relación entre el peso muy bajo o muy alto y el riesgo de morir es controvertida porque, la mayoría de los escasos estudios realizados sobre el tema no han podido identificar a qué IMC incrementaba el riesgo de muerte. Los resultados
de esos otros estudios también fueron mixtos; algunos no mostraron ninguna evidencia de que incrementara el riesgo de muerte," dijo Sun Ha Jee, Ph.D., autora principal del estudio y profesora asociada de epidemiología en Yonsei
University.
Los autores examinaron el efecto del peso corporal sobre el riesgo de muerte de más de 1,2 millones de coreanos de 30 a 95 años durante un período de 12 años. Los participantes del estudio, que eran parte de un estudio coreano sobre
prevención del cáncer, tenían un IMC promedio de 23,2, independientemente del sexo; el IMC de la mayoría de ellos era menos de 25, lo cual se considera un peso normal. En comparación, el IMC promedio en los EE.UU. actualmente es 27,8 para
los hombres de 20 años o más y 28.1 para las mujeres de 20 años o más.
Comparados con los coreanos de peso normal, las tasas de muerte para hombres y mujeres con bajo peso, con sobrepeso y obesos eran más altas. Los hombres y mujeres que nunca habían fumado y tenían un IMC entre 23,0 y 24,9 tenían el riesgo
más bajo de muerte debida a cualquier causa.
Los investigadores encontraron que la relación entre el IMC y el riesgo de morir variaba entre las causas principales de muerte tomadas en cuenta. El riesgo de muerte por cáncer incrementó a partir de valores de IMC de 26,0 a 28,0 y aún
con un IMC más elevado, según indican los investigadores. El riesgo de muerte por causas respiratorias era el más alto con los valores de IMC más bajos, y bajaba a medida que subían los valores de IMC, en tanto que el riesgo de muerte por
enfermedad cardiovascular ateroesclerótica aumentaba progresivamente con mayores valores de IMC.
"Los estudios anteriores se realizaron principalmente en poblaciones occidentales y no sabíamos si esos resultados podrían aplicarse a los grupos asiáticos, que tienden a ser más delgados pero con un mayor porcentaje de grasa corporal que
los occidentales," señaló el Dr. Jonathan M. Samet, autor principal del estudio y catedrático del Departamento de Epidemiología de la Facultad Bloomberg.
El número de causas de muerte por condiciones respiratorias, como la tuberculosis, pulmonía, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y asma, difieren entre los coreanos y los habitantes de los países occidentales. Jee, quien es también
profesora asociada de la Facultad Bloomberg, indicó que los resultados del estudio no pueden generalizarse respecto a otras poblaciones. |
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La era futura de Johns Hopkins Medicine |
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El confeti multicolor llovió sobre las casi 250 personas reunidas en el Houck Courtyard del Hospital Johns Hopkins, al develarse oficialmente la maqueta del proyecto hospitalario más grande y costoso de toda la historia de Maryland. Los
dos nuevos edificios clínicos harán dar a Johns Hopkins Medicine y American Medicine un gran salto hacia el futuro.
William R. Brody, Presidente de la Universidad, Edward D. Miller, Director Ejecutivo/CEO de Johns Hopkins Medicine, Ronald Peterson, Presidente del Hospital Johns Hopkins y otros altos ejecutivos de la administración estuvieron presentes
para celebrar la colocación de la primera piedra de la Torre de Cuidado Cardiovascular y Crítico y la Torre de Pediatría, que formarán la nueva fachada del hospital.
Los maestros de ceremonias del evento fueron George Dover, catedrático de Pediatría de Given Foundation y Director del Departamento de Pediatría de la Facultad de Medicina, y William A. Baumgartner, de la Cátedra de Cardiocirugía "Vincent
L. Gott", cardiocirujano en jefe del hospital y Vice Decano de Asuntos Clínicos en Johns Hopkins Medicine.
Las nuevas torres de atención clínica son parte del plan integral de 10 años que transformará el complejo médico-hospitalario. Se prevé que la construcción del proyecto comenzará a principios de 2007, con una fecha de conclusión programada
para 2008-2009. |
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